¿Estás hablando de mí?
¿Seguro? Piénsalo de nuevo.
Que cada uno vive en su mundo es algo más que constatable. Cada persona opera, en su mente, desde una realidad virtual propia que mezcla percepciones, aprendizajes, conclusiones y fabulaciones. Y en ese entorno escénico interno, mental, los otros tienen papeles asignados en la obra, que no necesariamente conocen, o aceptan. Cada persona con la que nos cruzamos tiene una experiencia distinta de nosotros, de nosotras, precisamente por esto.
Si se trata de desconocidos, quizá solo nuestro aspecto físico, movimientos, edad o tono de voz ya nos coloque en una categoría para quien nos mira. Si se trata de alguien que nos conozca solo en un escenario (en el trabajo, en el deporte o en clase…), las cualidades personales que destaque esa persona harán referencia a la visión sesgada por el rol en ese lugar; por ejemplo, podrían decir que somos ‘trabajadores incansables’ o ‘perezosos’; que nos gusta ‘tener todo al día’ o que tenemos ‘buena -o mala- cabeza para las estrategias laborales’.
Quien nos ha conocido en una época, hará referencia a nosotros, a nosotras, con características de aquella época. Si se trata de alguien que nos acaba de conocer, tampoco podrá hacer referencia a nuestro pasado, así que nos describirá, nos tratará, según lo que conoce y nada más -bueno, sí, lo que eso les evoque, dada su propia historia-.
Y, es más, quienes nos conocen desde hace tiempo, probablemente nos conocen desde un rol particular, como hijo, hija, pareja, hermano, etc., y si no compartimos otros aspectos, o incluso aunque lo hagamos, estos se tratarán de encajar en el rol particular en el que se nos conoce. Y huelga decir que tenemos muchos roles a lo largo de los años…
En definitiva, cuando nos describen (y halagan o critican), realmente lo que la persona está haciendo es hablar de sí misma; de su experiencia -limitada- de nosotros, de nosotras, de lo que a él o ella le ha evocado lo que ha percibido o concluido de nosotros, de sus conclusiones, y por tanto, de sí. Las críticas nos duelen, los reproches también, y quizá estamos condicionados en nuestra cultura a tomárnoslas muy en serio, pero conviene no perder de vista que las personas solo podemos hablar desde nuestra propia perspectiva, nuestra subjetividad, y poco más.
Quizá, antes de sentirnos atacados, atacadas, de dolernos profundamente por un comentario sobre nosotros, sobre nosotras, y de hacerlo propio como si fuera ‘La Verdad’, podamos tomáramos el tiempo de indagar sobre el autor o autora de esas expresiones: «¿qué te hace pensar eso? ¿Qué he hecho que te hace sentir así -a ti, porque quizá a otra persona no-? ¿Qué te has imaginado que quería decir cuando he dicho esto o aquello?». Con un poco de tiempo es fácil llegar a ver cómo esa persona habla de algún modo de sí. Entonces quizá podamos conocer el impacto que tenemos en otros y en su mundo interno, sin darnos cuenta, un impacto diferente en cada cual.
Desmenuzar una opinión o una crítica recibida, sin asustarnos de más, entendiendo su origen y razones, en las pequeñas impresiones que causamos y en actos concretos, nos permite asumir la responsabilidad si es preciso, pero también nos permite no coger lo que no sea nuestro.




Me parece un tema fascinante para indagar a través del autoconocimiento, creo que comprenderlo nos libera de muchas máscaras y de mucha carga emocional también, gracias